Mostrando entradas con la etiqueta Navidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Navidad. Mostrar todas las entradas

Adoración de los Pastores, Adoration of the Shepherds - BRONZINO, Agnolo



Adoración de los Pastores
1539-40

Oleo en madera, 65 x 47 cm
Szépmûvészeti Múzeum, Budapest


According to Vasari, this small devotional painting was commissioned by Filippo di Averardo Salviati (1513-1572). It was most likely destined for a private chapel in the Salviati villa.

This jewel-like painting displays the extreme refinement of execution and luxury of materials characteristic of Florentine Mannerism, with 'disegno' (drawing), sculptural modelling of forms, and enamel-like finish apparent in every detail. The entire upper half of the composition is a deep landscape of lakes and hills, above which stretches a vast blue sky that Bronzino painted in expensive lapis lazuli. To the right, an angel announcing the birth of Christ to a single shepherd hovers in the sky, and in the foreground five putti fly in celebration directly over the Nativity scene.

+++

Según Vasari, esta pequeña pintura devocional fue comisionada por Fiippo di Averardo Salviati (1513 - 1572).  Fue más probablemente destinada a una capilla privada en villa Salviati.

Esta pintura parecida a una joya despliega el extremo refinamiento de ejecución y lujo de los materiales característico del Manerismo Florentino, con "disegno" (dibujo), escultural modelado de las formas, y acabado como esmaltado visible en cada detalle.  Toda la mitad superior de la composición es un profundo paisaje de lagos y colinas, por encima de las cuales se extiende un vasto cielo azul que Bronzino pintó en costoso lapislázuli.  A la derecha, se cierne en el cielo un ángel anunciando el nacimiento de Cristo a un único pastor , y en primer plano cinco "putti" voladores en celebración directamente sobre la escena de la Natividad.



Nacimiento de Jesús

Birth of Jesus 1424
Panel, 99 x 89 cm
Kunsthalle, Hamburg

The picture shows a detail of the St Thomas Altarpiece.

Master Francke was a German painter. His major surviving work is the altarpiece for the guild of merchants trading with England, showing Passion scenes and incidents from the life of St Thomas Becket. The surviving panels of the St Thomas Becket Altar are characterized above all by the graphic vividness with which the soldiers are depicted, the barrenness of the rocky landscape, and the powerful overlapping with which Francke lends his narratives a whole new sense of drama. The red ground studded with gold stars is already familiar to us from the Master of Trebon.

As appropriate to its theme, the Nativity is the most lyrical and tender panel of the altar. Despite its gracefulness and its predominantly pale skin tone, typical of the day, Mary's head is relatively broad and heavy. Contributing in no small way to the popularity of the altar was the extraordinarily rich and gentle, almost park-like landscape present in the surviving panels; the fore- ground, however, is here sandy, bare and unwelcoming.

Comentario de San Quodvultdeus, Mateo 2,13-18: Herodes mandó matar a todos los niños en Belén..


Comenta San Quodvultdeus:

«Nace un niño pequeño, que es un gran Rey. Los magos son atraídos desde lejos; vienen a adorar al que todavía yace en el pesebre, pero que reina al mismo tiempo en el cielo y en la tierra. Cuando los magos le anuncian a Herodes que ha nacido un Rey, él se turba, y para no perder su reinado, lo quiere matar. Si hubiera creído en Él, estaría seguro en la tierra y reinaría sin fin en la otra vida.

«“¿Qué temes, Herodes, al oír que ha nacido un Rey? Él no ha venido a expulsarte a ti, sino para vencer al Maligno. Pero tú no entiendes estas cosas, y por ello te turbas y te enfureces, y, para que no escape el que buscas, te muestras cruel, dando muerte a tantos niños. Ni el dolor de las madres que gimen, ni el lamento de los padres por la muerte de sus hijos, ni los quejidos y los gemidos de los niños te hacen desistir de tu propósito. Matas el cuerpo de los niños, porque el temor te ha matado a ti el corazón”…

«Los niños sin saberlo, mueren por Cristo; los padres hacen duelo por los mártires. Cristo ha hecho dignos testigos suyos a los que todavía no podían hablar. He aquí de qué manera reina el que ha venido para reinar. He aquí que el libertador concede libertad y el salvador da la salvación… ¡Oh gran don de la gracia! ¿De quién son los merecimientos para que triunfen así los niños? Todavía no hablan, y ya confiesan a Cristo. Todavía no pueden entablar batalla, valiéndose de sus propios miembros, y ya consiguen la palma de la victoria» (Sermón 2, sobre el Símbolo).

http://www.gratisdate.org/fr-textos.htm

Sobre la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo por San Cirilo de Alejandría, obispo (Libro 5, cap. 2: PG 73, 751-754)

1440-41
Fresco, 193 x 164 cm
Convento di San Marco, Florence

Cuando el Creador del universo decidió restaurar todas las cosas en Cristo, dentro del más maravilloso orden y devolver a su anterior estado la naturaleza del hombre, prometió que, al mismo tiempo que los restantes bienes, le otorgaría también ampliamente el Espíritu Santo, ya que de otro modo no podría verse reintegrado a la pacífica y estable posesión de aquellos bienes.

Determinó, por tanto, el tiempo en que el Espíritu Santo habría de descender hasta nosotros, a saber, el del advenimiento de Cristo, y lo prometió al decir: En aquellos días -se refiere a los del Salvador- derramaré mi Espíritu sobre toda carne.

Y cuando el tiempo de tan gran munificencia y libertad produjo para todos al Unigénito encarnado en el Mundo, como hombre nacido de mujer, -de acuerdo con la divina Escritura-, Dios Padre otorgó a su vez el Espíritu, y Cristo, como primicia de la naturaleza renovada, fue el primero que lo recibió. Y esto fue lo que atestiguó Juan Bautista cuando dijo: He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo y se posó sobre él.

Decimos que Cristo, por su parte, recibió el Espíritu, en cuanto se había hecho hombre, y en cuanto convenía que el hombre lo recibiera; y, aunque es el Hijo de Dios Padre, engendrado de su misma substancia, incluso antes de la encarnación -más aún, antes de todos los siglos-, no se da por ofendido de que el Padre te diga, después que se hizo hombre: Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy.

Dice haber engendrado hoy a quien era Dios, engendrado de él mismo desde antes de los siglos, a fin de recibirnos por su medio como hijos adoptivos; pues en Cristo, en cuanto hombre, se encuentra significada toda la naturaleza: y así también el Padre, que posee su propio Espíritu, se dice que se lo otorga a su Hijo, para que nosotros nos beneficiemos del Espíritu en él. Por esta causa perteneció a la descendencia de Abrahán, como está escrito, y se asemejó en todo a sus hermanos.

De manera que el Hijo unigénito recibe el Espíritu Santo no para sí mismo -pues es suyo, habita en él, y por su medio se comunica, como ya dijimos antes-, sino para instaurar y restituir a su integridad a la naturaleza entera, ya que, al haberse hecho hombre, la poseía en su totalidad. Puede, por tanto, entenderse- si es que queremos usar nuestra recta razón, así como los testimonios de la Escritura- que Cristo no recibió el Espíritu para sí, sino más bien para nosotros en sí mismo: pues por su medio nos vienen todos los bienes...

Del Comentario de San Cirilo de Alejandría, obispo, sobre el evangelio de san Juan (Libro 5, cap. 2: PG 73, 751-754)